miércoles, 4 de julio de 2012

Lugo y el laberinto guaraní




  
Los brotes desestabilizadores de una región, que desde el nuevo milenio ha mostrado algunos signos de unidad y similares inclinaciones, generan reflexiones sobre las realidades de cada país: golpes de estado triunfantes en Paraguay y Honduras, insurrecciones fallidas en Bolivia, Ecuador y Venezuela, entre otros casos.

De lo que hoy se habla es del caso paraguayo. La fachada de legalidad con que destituyeron al ex presidente Fernando Lugo sólo fue el mecanismo más cordial que los golpistas encontraron para sacarse una incómoda piedra de sus zapatos. 

En base a esto último, y para entender más a Paraguay y su panorama poco alentador, es necesario repasar brévemente acerca de sus cuadros políticos.

El partido más poderoso es La Asociación Nacional Republicana, mejor conocido como el Partido Colorado. Esta es una fuerza históricamente conservadora, que gobernó el Paraguay de manera ininterrumpida desde 1947 hasta 2008, y que estuvo presidida entre los años 1954-1989 por el dictador Alfredo Stroessner, quien sometió a su país a una cruenta dictadura donde hubo múltiples asesinatos, torturas, persecuciones y todo tipo de violaciones de los derechos humanos. Este monopolio de representatividad -entre 1947 y 1963 fue el único partido legal- generó divisiones, algunas ideológicas, dentro del propio partido. Tales son los casos del Movimiento Popular Colorado (MOCOPO), que luchó contra el régimen de Stroessner, o de Nicanor Duarte Frutos, presidente desde 2003 hasta 2008 y promovedor de un discurso estatista, progresista y contrario al neoliberalismo que el partido colorado tenía acostumbrado a sus gobernados. Lamentablemente todo su gobierno se limitó a sus ideas y discursos, ya que, por incapacidad, falta de apoyo o una mezcla de ambos, sus políticas sociales fueron casi nulas. Sin embargo, y según un informe del Centro Latinoamericano para del Desarrollo Rural, los niveles de pobreza se redujeron durante su mandato, lo que no necesariamente significa que esto haya sido por políticas de gobierno. De hecho, el nivel de precios de los commodities en la pasada década, en un país cuya actividad agroganadera es central, pudo haber favorecido con fuerza a la disminución de la pobreza


Existe también otro partido de importancia en Paraguay. Se trata del Partido Liberal Radical Auténtico (PRLA), fundado originalmente en el siglo XIX pero re-fundado en 1978 en oposición al régimen de Stroessner. Más allá de los muchos matices ideológicos que tuvo este partido históricamente, en la actualidad es un cuadro político -el segundo en importancia y cantidad de afiliados detrás del Partido Colorado- con ideas que no difieren en lo esencial a las de la oposición colorada.

ANR
PLRA

Para terminar con la eternización en el poder del Partido Colorado, los liberales formaron una coalisión con diversos partidos de izquierda y centro-izquierda para así formar la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), concertación que esgrimió a Fernando Lugo como candidato presidencial y a Fernando Franco, liberal, su compañero de fórmula (Imposible que este caso, y con las consecuencias ya conocidas, no nos remita al capítulo argentino de Cristina Fernández de Kirchner y Julio César Cleto Cobos).

Como suele suceder en casos de los ámbitos más variados, cuando grupos diversos en formas e intereses se unen para derrotar a un enemigo común (en este caso, el coloradismo) y vencen, sus integrantes empiezan a mirarse entre sí de reojo como nuevos potenciales adversarios, con luchas de egos subyacentes y crisis internas. O, al menos, brotan las contradicciones. Casos argentinos relativamente recientes como el de la Alianza, formada por la Unión Cívica Radical y el Frente País Solidario (Frepaso), o el del famoso grupo A, legisladores de la oposición unidos en 2009 para quitarle la primer minoría al oficialismo en las cámaras, ayudan a ilustrar.

Que Lugo era el presiente y Franco su vice es obviamente cierto. Pero éste contaba con más apoyo que aquel. El liberal contaba con un fuerte respaldo del poderoso partido al que pertenece y Lugo, que para postularse a primer mandatario se inscribió en el modesto Partido Democrático Cristiano, contaba sólo con el fidelidad de este partido y las otras agrupaciones de izquierda pertenecientes a la APC.

Entre lo destacable de su mandato se debe resaltar el logro de la gratuidad de la salud en su país, las inversiones en educación y el fuerte crecimiento económico. Sin embargo, la llamada reforma agraria, cuestión y demanda central de la mayoría de los paraguayos, nunca se alcanzó.

Lo que impedía que Lugo fuera destituido antes era la falta de apoyo de los liberales a las iniciativas coloradas -23 intentos de jucio político-. Ante el extraño episodio de Curuguaty, donde murieron seis policias y once campesinos en propiedad del intendente colorado-stronista Blas N. Riquelme, la ocasión para la embestida contra Lugo fue la ideal. Jucio político parlamentario, dos horas de defensa para Lugo, apoyo mayoritario para su remoción y destitución express del presidente.

El suceso de Curuguaty puso de manifiesto las contradicciones y dificultades de Lugo para sostener un rumbo claro y decidido de su proyecto de país. En una nación cuya población rural conforma la mitad de la población total y con la reforma agraria como materia pendiente de todos los gobiernos post-dictatoriales, Lugo no fue capaz de promover soluciones a las injusticias que vive el pueblo. En Paraguay se denomina "tierras mal habidas" al reparto súmamente irregular de terrenos hecho por Stroessner y los gobiernos subsiguientes. La acusación es esta: según la Comisión de Verdad y Justicia paraguaya (CVJ), casi ocho millones de hectarias mal habidas, esto es el 32,7 por ciento de las tierras arables del país. El propio Lugo afirmó que el 85 por ciento de las tierras cultivables están en manos del 2,5 por ciento de la población. 


Ante estas cifras, el ex obispo no pudo saldar la deuda imperante de los paraguayos. Quizás la falta de apoyo liberal, que entre sus filas figuran grandes propietarios terratenientes, haya sido decisiva. Los entramados de poder son difíciles de desnudar y cambiar. Un presidente con aparentes buenas intenciones no puede, evidentemente, prosperar sin un aparato con similares ambiciones. 



"Las generaciones cambian, 

¡qué cambien las mentes... 

y las estructuras! 




Que germinen 

jóvenes-luces, 

alma 
y mente. 


Para que salven, 
mi tierra, 
su voz... 
su silencio."  (*)








(*): Oscar Humberto Fleitas Gómez - Poeta paraguayo


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